BOLIVIA RECHAZA A PETRO TRAS DEFENDER LAS PROTESTAS CONTRA RODRIGO PAZ: LA CRISIS YA CRUZÓ FRONTERAS
El presidente colombiano calificó las movilizaciones como una respuesta a la “soberbia geopolítica”, mientras el Gobierno boliviano pidió respeto a su soberanía en medio de bloqueos, desabastecimiento y tensión política.

El presidente de Colombia, Gustavo Petro, volvió a quedar en el centro de la polémica regional tras pronunciarse sobre la crisis política y social que atraviesa Bolivia. A través de su cuenta en X, el mandatario afirmó que “Bolivia vive una insurrección popular” y sostuvo que esa situación sería una respuesta a la “soberbia geopolítica”, en referencia al conflicto que enfrenta el gobierno de Rodrigo Paz.
La declaración de Petro fue interpretada como un respaldo político a las movilizaciones que presionan al Ejecutivo boliviano en medio de bloqueos, marchas y protestas impulsadas por distintos sectores sociales. La crisis se ha intensificado durante los últimos días y ya genera efectos directos sobre la circulación, el abastecimiento y la estabilidad política del país.
El gobierno de Rodrigo Paz atraviesa uno de sus momentos más delicados desde su llegada al poder. Según reportes internacionales, las protestas comenzaron por reclamos económicos y se ampliaron con demandas de sectores sindicales, transportistas, mineros y grupos rurales, que rechazan medidas de ajuste y exigen respuestas ante el aumento del costo de vida.
La situación también involucra al expresidente Evo Morales, cuyos sectores afines han tenido participación en las movilizaciones. Morales enfrenta un proceso judicial por presunta trata de una menor y la justicia boliviana ordenó su captura después de que no compareciera al inicio del juicio en su contra. El exmandatario niega las acusaciones y sostiene que se trata de una persecución política.
Los bloqueos han provocado una presión creciente sobre varias ciudades bolivianas. Reportes recientes señalan interrupciones en cadenas de suministro, problemas de acceso a combustible, alimentos y servicios esenciales, además de choques entre manifestantes y fuerzas de seguridad. La crisis, por tanto, dejó de ser únicamente política y empezó a sentirse en la vida diaria de la población.
La postura de Petro contrasta con la reacción de otros actores internacionales que han expresado preocupación por los intentos de desestabilización en Bolivia. Estados Unidos y varios países de la región condenaron acciones que, según sus comunicados, buscan afectar el orden democrático boliviano en medio de la escalada de protestas.
El pronunciamiento colombiano añadió un componente diplomático a una crisis que ya venía cargada de tensión interna. Para el gobierno de Paz, el desafío inmediato será contener los bloqueos, evitar un mayor deterioro del abastecimiento y sostener la gobernabilidad en un escenario cada vez más polarizado. En Bolivia, la política volvió a demostrar que un tuit puede cruzar la frontera más rápido que una caravana de protesta.
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