EL CHAPARE SE MOVILIZA PARA “CUIDAR” A EVO Y ELEVA LA TENSIÓN FRENTE AL EJÉRCITO

Dirigentes afines a Evo Morales justificaron la inspección al cuartel por supuestas versiones de una intervención contra el exmandatario, mientras sectores movilizados también pidieron la renuncia del presidente Rodrigo Paz.

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La tensión política y social volvió a subir en el Chapare. Este lunes 25 de mayo, organizaciones del Trópico de Cochabamba realizaron una caravana de motocicletas y una concentración frente a la Novena División del Ejército, ubicada en Villa Tunari, en la provincia Chapare. La movilización fue presentada como una acción para “cuidar” a Evo Morales en medio del conflicto que atraviesa el país.

Según el reporte, dirigentes del sector ingresaron incluso a instalaciones del cuartel militar para realizar una inspección, llegando hasta oficinas de la comandancia. La escena vuelve a colocar al evismo en el centro de la controversia, no solo por la movilización callejera, sino por la presión directa sobre una instalación militar.

El dirigente Isidro Auca justificó la acción asegurando que, según información que manejaban, desde la Novena División se estaría planificando una operación contra la vida de Morales. Sin embargo, esa versión fue presentada como una afirmación de los movilizados y no como un hecho verificado públicamente por una autoridad independiente.

Auca sostuvo que el expresidente representa a sectores humildes, campesinos y populares, y afirmó que estaban dispuestos a cuidar su vida “aunque” tuvieran que dar la suya. Esa declaración muestra el nivel de tensión política que rodea a Evo Morales, cuya figura sigue movilizando a sus bases y alimentando un clima de confrontación en el Trópico de Cochabamba.

La movilización también estuvo marcada por sospechas contra agentes policiales y la DEA. Según Auca, la población del sector pidió la inspección del cuartel por la susceptibilidad de que hubiera presencia de esos agentes en instalaciones militares. Nuevamente, se trata de una versión planteada por los dirigentes, sin que el reporte confirme de manera independiente la existencia de dichos agentes en el lugar.

Después de la caravana y la inspección, Auca afirmó que la acción era una “señal al Gobierno” y aseguró que el “pueblo” estaba organizado para defenderse. Entre los movilizados también se advirtió una preparación frente a un eventual estado de excepción o una posible arremetida de grupos como la Resistencia Cochala.

La presión no se limitó al cuartel. Mujeres del sector también se pronunciaron para exigir que sus hijos soldados se retiren de las instalaciones militares, argumentando que no quieren que formen parte de una eventual represión. Este elemento suma una carga social sensible al conflicto y expone cómo la disputa política en torno a Morales empieza a involucrar también a familias de soldados.

Los movilizados, además, se sumaron a los pedidos de otros sectores sindicales que exigen la renuncia del presidente Rodrigo Paz. Con ello, la defensa de Evo Morales aparece conectada con una agenda mayor de presión política contra el Gobierno, en un momento en el que el país ya enfrenta bloqueos, movilizaciones y un ambiente de alta polarización.

La imagen política que deja este episodio es clara: mientras Bolivia exige orden, estabilidad y respuestas institucionales, el entorno de Evo Morales vuelve a recurrir a la movilización, la presión territorial y el discurso de amenaza permanente. El Chapare se mueve otra vez como fortín político del evismo, y el país observa cómo una caravana de motos termina convertida en otro capítulo de tensión nacional.

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